Rodillas flectadas y su trasero apoyado sobre su hermoso trono. Su cara serena, como un rey que observa sin más a sus discípulos, buscando algo con la mirada. Mientras ella comienza a recordar que en su reino las cosas no funcionan bien. Todo se vuelve oscuro. Pronto se distrae en el zigzagueo de una mosca que repasa infinitamente el mismo itinerario. La mosca tiene un sonido bastante peculiar, que siempre la ha inquietado. En realidad hoy todo la preocupa, al menos a ratos su ceño se frunce como si algo realmente grave sucediera. De pronto, comienza a cuestionarse cómo se llama el vuelo de las moscas. Ella sabe que lo leyó una vez en un libro de un connotado escritor, pero nunca ha podido recordar el nombre. La frustración se le viene encima. Trata de pensar en otras cosas, pero incluso olvida hasta la grave guerra que se vive fuera de su castillo. ¿Cómo se llama el vuelo de las moscas? ¿Por qué no puedo recordarlo? Y la mosca sigue volando sobre ella, recalcándole su pésima memoria, su baja capacidad de retención. Ella se para molesta. El agua corre con energía al interior de su trono, llevándose parte de ella.
domingo, 13 de abril de 2008
viernes, 18 de enero de 2008
El Desmayo
Revoltosas partículas salpicando a los transeúntes de sangre. De pronto, ella despierta y comienza a reír. Todos la observan inquietos. Trajes de oficinista con manchas rojas por todos lados. Ella sonríe, no lo puede creer. Las partículas comienzan a unirse con singular gracia. Un círculo inmenso de entes asombrados la rodea. Ella se siente en el cielo. El hombre que estaba a su lado se para repentinamente, asustado.
Las partículas negras, azules, cafés se siguen aglutinando al ritmo del clásico bolero. Ella cierra los ojos y muestra una sonrisa placentera. De pronto, todas las partículas se unen y forman a un hombre que se pone de pie consternado, rompe el círculo y sale corriendo por la avenida.
lunes, 7 de enero de 2008
viernes, 4 de enero de 2008
Un poco de ira para ti... Amiga
Se disparan directo a tu pecho, como un dardo venenoso, como una bala de una calibre 34, como una flecha, como un cuchillo que quiere afilarse en la piedra que tienes como corazón. Jalo el gatillo liberando verdades por minuto. Escupiendo ácidos pensamientos para derretirte el cuerpo, el alma, todos tus pensamientos. Y el odio que ves en mis ojos proviene de mi centro palpitante, de mi espíritu maltrecho, de toda esta desilusión. Ya no hablo, grito, grito y grito desgarrándome la garganta, pero disfrutándolo porque al mismo tiempo siento que se rompen tus tímpanos y se hiere tu alma. Grito, grito como loca, gruño a lo salvaje, y entre mis labios se escapan granadas que laceran tu mente, que la hacen estallar en pedazos de historias que no quisiste contar. Las farsas coaguladas se resbalan lento por la pared, caen al piso y dejan manchas imposibles de borrar. No te dejo responder, no doy tregua en este combate fatal en el que aniquilo tu retórica. Retórica de la falsedad, si juro que hasta tu primer llanto no fue más que una actuación que premeditaste desde el vientre de tu madre. Mis manos se empuñan, se vuelven una piedra. Y te agarro a piedrazos. Las piedras comienzan a sangrar, pero no se cansan de chocar contra tu rostro, de golpear tu boca que tantas veces expulso excremento para ensuciarme el día, para cagarme la noche. Y me paralizo. Me sosiego, me aburro de golpearte con mis palabras, de arañarte con mi mirada.