miércoles, 25 de abril de 2007

Confesión


Voy camino a Valparaíso, ciudad que me ha encantado con sus paisajes, con su gente, con su aire distinto y similar a la vez. Me cuesta un poco escribir, pues ando en bus, el de las 18:45 PM, a la misma hora viajé la vez pasada y la anterior y la anterior de la anterior…todo esto está a punto de convertirse en rutina. ¿Rutina? Espero que no vuelva a mi historia, prefiero vivir del asombro, sea este positivo o negativo, triste o alegre, al menos este le da la emoción debida a mis días.
Las ideas siguen, como antes, desordenadas en mi mente, tratan de armarse, de encasillarse jerárquicamente, pero continúan igual de revoltosas, tratando de interponerse una ante la otra. El bus se mueve a la velocidad habitual, por la autopista de siempre, talvez el conductor es otro, pero eso a quién le importa, si nos conduce al mismo lugar, en donde realmente no es mucho lo que cambiará, seguiré siendo yo, con estas ideas locas, comunes, inconsecuentes, ideas que me pertenecen. No sé porque no voy al grano. A mi lado ya no va sentada la persona de la vez anterior, ahora es un hombre que viste una chaqueta de color beige y va concentradísimo en la pésima película, que el único aporte que hace es mantenerte sin pensar por una hora y media, lo que resulta un alivio para cualquiera. Y me sigo enredando, alejando de lo que realmente quiero escribir. Paso mi mano por la ventana, los dedos se me congelan, pero necesito ver el exterior, alcanzó a ver un paradero solitario tras la gotas de humedad y, me dan locas ganas de bajarme y sentarme allí, para que la persona que vaya en el próximo bus perciba vida en el sombrío paisaje.
El bus se detiene lentamente, alguien de casaca roja desciende y yo junto a 43 personas más emprendo nuevamente el viaje hacia el Puerto. Un recuerdo ha bombardeado mi mente, ¿deseas saber de que se trata? ¿Quieres que lo escriba para que quede grabado en este papel? Lo siento, no puedo darte en el gusto. El muchacho que va a mi lado se cansó de las explosiones y tiroteos de la película, se saca los audífonos, toma el celular (herramienta primordial hoy en día) y hace una llamada. Mis audífonos, en cambio, siguen en mis orejas y comienzan a expulsar una canción de Silvio, mi cerebro se deleita y unas neuronas recuerdan lo fabulosa que encuentro esta canción. Mientras tanto, mi mano sigue avanzando por la hoja, al igual que el bus por la carretera, y esta a punto de escribir lo que verdaderamente desea escribir, pero la freno inmediatamente. ¡Que lindas se ven las luces de las casas de la punta del cerro! Escribo para distraer a quien lea esto. Estamos llegando a destino, las lucecitas del bus se prenden y me apuro para expresar la intención real del relato ¿Cómo lo hago? Queda poco tiempo y tanto por decir. Me arrepiento mientras la música sigue sonando y unos balazos del largometraje se cuelan por mis oídos. El bus llegó al terminal, debo guardar mi cuaderno y despedirme de esta confesión que no fue.

3 comentarios:

Piñi Pincel dijo...

Quiero saber lo que ibas a contar.. jojo... Me gustó lo que escribiste, todas esa sensaciones.la shuisha aqui mi lado dice que te escriba que tambien le gustó. :D

Carito dijo...

CArinita linda...
hasta que al fin te decidiste a publicar en un medio masivo tus escritos forzosamente escondidos....que bueno amiga........Se viene el libro espero...-.....
Te quiero mil y te extrño......ojala nus veamos este fds largo...pa que podamos cuchichiar........

La pekitAh! dijo...

Me dejaste con la curiosidad.
Estuve atenta a todo el texto, me encantó. De hecho creo que antes te había mencionado que me gusta mucho como escribes, como muy de novela.

Ojalá que un día de estos puedas terminar la confesión..

Besitos, cuidate.